Agile es una nueva forma de trabajar que está revolucionando las organizaciones. Como su propio nombre indica, se fundamenta en una mayor agilidad en los procesos productivos a través de su segmentación. Es más flexible y productiva, pero, sobre todo, tiene más en cuenta el valor de todas las personas implicadas en el proceso, sus capacidades y sus opiniones. La comunicación se erige como uno de los pilares fundamentales en el workflow.

Su origen se sitúa en el entorno del desarrollo de software, que en los años 90 se enfrentaba a una crisis motivada por el desfase en la entrega de las aplicaciones, cuyos plazos de entrega se podían demorar hasta tres años. Los expertos del ámbito eran conscientes de que necesitaban un giro de 180 grados, y así fue como 17 grandes personalidades del sector se reunieron en 2001 para poner en común sus diversas buenas prácticas en los procesos productivos. Así nació Agile, un conjunto de valores y principios, que traspasó las fronteras de su sector y ha sido adoptado por toda clase de organizaciones.

 

Manifiesto Agile: sus principios básicos

Los proyectos basados en los principios Agile se fundamentan en la entrega de valor mediante plazos breves con entregas parciales y mejora continua, en lugar de mirar hacia una única fecha definitiva. Pero tal y como apunta Natividad Vilela, Agile Delivery Manager en Randstad, el componente cultural es la clave del éxito de las prácticas fundamentadas en la filosofía Agile. “Sin un cambio en la mentalidad a la hora de organizar el trabajo, no funcionan”, afirma Vilela.

De aquella reunión celebrada en 2001, el resultado fue la firma del Manifiesto Agile, una guía con cuatro valores y doce principios básicos que pone de relieve ese carácter humano y colaborativo que sitúa a Agile como una filosofía, más que una simple metodología. Sus máximas principales son:

  • Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas: en la filosofía Agile, el valor humano es el principal activo con el que puede contar una organización. El conocimiento, la actitud y la voz del equipo se sitúan por encima de los procesos y las herramientas, que deben concebirse como un apoyo que se adapta a las personas. Nunca debe ser al revés, ya que en un proceso Agile predominan la creatividad, la innovación y la capacidad analítica y resolutiva.
  • Software funcionando sobre documentación extensiva: En una organización Agile es prioritario que los equipos se comuniquen y adapten sus decisiones sobre los resultados tangibles que ofrezcan los prototipos reales, por encima de lo que se encuentre especificado en un marco teórico. Aún así, la documentación es muy importante en todos los proyectos y servicios agile para garantizar los estándares de calidad pertinentes.
  • Colaboración con el cliente sobre negociación contractual: si bien los contratos y los acuerdos firmados para la puesta en marcha de un proyecto son importantes desde una perspectiva legal y formal, Agile promueve un contacto directo y constante con el cliente que permita dirigir el desarrollo del producto hacia sus necesidades y expectativas.
  • Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan: la filosofía Agile se basa en la fragmentación de las tareas para poder efectuar los cambios pertinentes durante el desarrollo del proyecto. Se fundamenta en la anticipación y la adaptación conforme a la observación de los resultados parciales, por lo que rechaza los planes rígidos preestablecidos.

 

4 ventajas de la implantación de Agile

La filosofía Agile propone un cambio en la forma de concebir el desarrollo de servicios y proyectos que entraña grandes ventajas:

  • Mejora de la experiencia del cliente: la comunicación constante con el cliente o usuario por la que aboga la filosofía Agile lo convierte en un elemento clave en el proyecto, ya que puede aportar su visión durante todo el proceso y no solo al completar su entrega. Gracias a ello puede sentirse mucho más involucrado y satisfecho, ya que su opinión siempre se tendrá en cuenta y los resultados se aproximarán mucho más a sus expectativas. Esta participación sirve para evitar la falta de correspondencia entre el producto final y las necesidades del cliente, una problemática común en formas tradicionales basadas en una única entrega, que limitan la participación del cliente a la previa firma de un contrato.
  • Flexibilidad: la mentalidad Agile rompe con toda rigidez y ofrece la capacidad de darle al cliente lo que necesita en todo momento, aunque sus demandas varíen durante el desarrollo del proyecto. El proyecto se convierte en un organismo vivo y moldeable abierto a todos los posibles cambios que puedan plantearse durante todo su desarrollo.
  • Eficiencia y calidad: la mejora continua del producto en desarrollo permite garantizar su máxima calidad desde el principio, lo que ahorra costosas modificaciones en etapas avanzadas. Todas las personas implicadas son responsables de identificar cualquier vacío o incidencia y tienen la capacidad de sugerir mejoras, una diversidad de puntos de vista que enriquece el proyecto desde una perspectiva global.
  • Motivación y compromiso: la filosofía Agile se sostiene sobre un gran pilar humano. El talento es el eje central del proceso, su voz cuenta y son sus decisiones las que delimitan el camino a seguir. En un entorno ágil los equipos tienen capacidad de autogestión, impera el espíritu colaborativo y cada persona es relevante desde su ámbito de competencia. Se fomenta un sentimiento de pertenencia y su dinamismo se plantea como un reto que incentiva la capacidad creativa de los profesionales y mantiene despierta su motivación, por lo que Agile se convierte en un antídoto contra la fuga de talento.

 

Cómo implantar Agile en tu empresa

Apostar por la implantación de Agile entraña un salto cultural. Se trata de un giro en el concepto tradicional de la organización del trabajo y para lograrlo con éxito hay que tener en cuenta algunas claves:

  • Lograr el apoyo de la dirección: una implantación exitosa de los principios y valores ágiles requiere en primera instancia el apoyo desde los sectores directivos de la compañía, que deben asumir la necesidad de un cambio cultural de su estrategia en el que la filosofía Agile se inscribe a la perfección. La confianza por parte de la alta dirección es necesaria para fomentar el entorno adecuado. Solo así la innovación será bienvenida y el cambio supondrá una verdadera transformación desde las propias raíces de la organización.
  • Elegir los proyectos más idóneos para su implantación: Agile puede adaptarse a cualquier proyecto o servicio, pero resulta especialmente beneficioso en proyectos experimentales, impredecibles y de compleja definición o especificación por su carácter cambiante.
  • Invertir en talento: queda patente que en el potencial del equipo reside el éxito de la filosofía Agile, por lo que es necesario contar con el mejor talento. Existen profesionales específicamente formados en los diversos roles Agile que son el perfil idóneo para guiar este tipo de equipos.
  • Seguir algún framework contrastado: a partir de los principios Agile, se desarrollaron diversos métodos o herramientas con eficacia contrastada. Entre ellos, el más conocido es Scrum, un framework de trabajo que facilita que los valores y principios calen en la forma de trabajar de las personas. La entrega de valor se hace en periodos de tiempo con plazos de dos a tres semanas, llamados sprints. Cada sprint debe contar con una planificación (Sprint Planning), un seguimiento diario (Daily Scrums), una revisión final (Sprint Review) y una retrospectiva que permita analizar el trabajo desarrollado e implementar un plan de mejoras.
  • Mantener el proceso bajo control: pese al carácter improvisador del que parece hacer gala Agile, lo cierto es que requiere un cierto orden. No se trata de establecer un marco rígido de actuación, sino de estimar los esfuerzos que requerirá cada sprint, para establecer objetivos realistas y optimizar el reparto de los recursos.

Agile conquista, y así lo reflejan los datos extraídos en nuestro estudio Randstad Workmonitor 2018: más del 40% de empresas está evolucionando hacia prácticas ágiles y casi el 80% de los profesionales valora sus múltiples ventajas. Pero la clave de su éxito reside precisamente en haber trascendido de la mera consideración de metodología para alzarse como una nueva forma de pensar, toda una cultura organizacional basada en la relevancia y la promoción del talento, el pilar más sólido sobre el que se puede sostener una empresa.