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No hay duda. El futuro será más tecnológico, más digital. La influencia de la innovación abarcará a diferentes esferas de nuestro día a día, y uno de estos ámbitos será inexorablemente el del empleo. Las herramientas tecnológicas están llamadas a facilitar nuestras tareas y hacer que nuestro trabajo sea más productivo y eficaz. Pero existe la inquietud sobre si la automatización y la robotización podrían destruir empleo. ¿Hasta qué punto es posible? ¿Está bien fundada esta preocupación?

Lo cierto es que esta inquietud no es nueva. Durante el siglo XIX se produjo el ludismo, un movimiento insurreccional en el que los trabajadores destruían las máquinas que generaba la innovación de la Revolución Industrial, desde el convencimiento de que ponían en riesgo sus empleos. El tiempo demostró no solo que estaban equivocados, sino que la tecnología producía más trabajo. El empleo no se destruyó, sino que se transformó, haciendo que el trabajo humano fuera más rentable gracias a la innovación.

Más de la mitad de los empleos pueden automatizarse en España

Algo parecido puede ocurrir ahora. El informe “Flexibility at Work – Abrazando el cambio” elaborado por Randstad destaca que uno de los principales retos a los que se enfrenta la economía es la automatización de la producción, de modo que uno de cada siete trabajadores podrá perder su trabajo actual a nivel global. En el caso de España, el 52% de los puestos de trabajo actuales corre el riesgo de automatizarse, parcial o totalmente, en la presente década. 

Pero como hemos comentado, esta situación no tiene que conllevar un aumento del desempleo, según el informe de Randstad. De hecho, el carácter cambiante de los empleos ha sido una característica permanente del progreso tecnológico en el pasado y, en última instancia, conducirá a la aparición de tres nuevos tipos de trabajo: el trabajo fronterizo, el trabajo de última milla y el trabajo de riqueza.

El trabajo fronterizo se refiere a los puestos de trabajo en los nuevos campos tecnológicos; el trabajo de riqueza, a los puestos de trabajo creados gracias al aumento de la productividad; y el trabajo de última milla, a los puestos de trabajo que aún no pueden automatizarse.

La importancia de la formación

Un escenario que creará grandes oportunidades laborales, ya que la OCDE estima que el 65% de los niños que actualmente asisten a la escuela infantil terminarán realizando un trabajo que todavía no existe. De hecho, el Foro Económico Mundial predice que en 2022 surgirán 133 millones de trabajos nuevos, fruto de una nueva división del trabajo entre personas, ordenadores y algoritmos.

Muchos de estos trabajos emergentes estarán mejor pagados y serán menos repetitivos que los que sustituyen, pero los profesionales necesitarán un nuevo conjunto de competencias para realizarlos. Más allá de las habilidades tecnológicas tan necesarias en la actual situación de transformación digital acelerada por la pandemia, se estima que en 2030, algunas de las competencias más demandadas serán competencias blandas, como el pensamiento crítico, la creatividad y la inteligencia emocional.

Desde Randstad consideramos que la mejor inversión que pueden hacer tanto empresas como profesionales es en formación y en mejorar su empleabilidad. El mundo del empleo evoluciona casi a la misma velocidad que el tecnológico, por lo que incrementar nuestras competencias y habilidades es la decisión más coherente que podemos tomar hoy.

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