design thinking escucha al talento de tu empresa

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La innovación es el motor de crecimiento de cualquier empresa. No importa cuál sea tu producto o servicio, y tampoco si tienes un pequeño negocio o estás a cargo de una multinacional. Conocer la actualidad y saber responder ante los cambios económicos, empresariales y sociales son pilares fundamentales para que tu empresa crezca y se desarrolle en un panorama global cada vez más ecléctico.

Y ante esta situación tan cambiante, la planificación estratégica es una herramienta básica en la que debes apoyarte para crear nuevos conceptos que permitan que tu entidad siga siendo relevante en el mercado y en la sociedad.

¿Qué es la metodología Design Thinking y para qué sirve?

Existen muchas y muy variadas metodologías de creación y planificación de mejoras para las empresas, pero durante los últimos años una está destacando por encima de las demás: el Design Thinking.

Aunque su nacimiento tuvo lugar en la década de los 70, no fue hasta principios de los 90 cuando se puso realmente en práctica. Su “padre”, Tim Brown, CEO de IDEO, comenzó a aplicar esta técnica a la resolución de problemas para su empresa y, como se suele decir, el resto es historia. Hoy en día, firmas de la talla de Google, IBM o Apple son fieles seguidoras de esta disciplina y claras indicadoras de su potencial.

Pero, ¿en qué consiste el Design Thinking? Existen varias definiciones del concepto, y muchas de ellas son algo laberínticas, así que para poder explicarlo de manera sencilla vamos a recoger las palabras de Saúl Loriente, fundador de Design Thinking España, que define el proceso como “una metodología centrada en el usuario y orientada a la acción, cuyo objetivo es generar soluciones de acuerdo a problemas detectados en un determinado marco de trabajo”.

Puede parecer una definición demasiado general… ¡y es que lo es! La característica diferencial del Design Thinking es que su uso se puede llevar a cualquier situación, profesional o personal: desde planificar la cena ideal con tus compañeros a diseñar las nuevas zapatillas para una marca líder del sector, ¡todo es posible si se siguen los pasos necesarios!

¿En qué beneficia esta metodología a tu empresa?

Centrándonos en el ámbito profesional, el Design Thinking pone al cliente en el punto de mira de la ecuación, enfocando el proceso creativo en conocer, entender y satisfacer sus necesidades. Un factor que favorece la empatía y la conexión con el cliente, y que hará que tu empresa se sienta más cercana.

Además, es un procedimiento que multiplica los resultados del trabajo en equipo y potencia la creatividad al nutrirse de las ideas y planteamientos de grupos multidisciplinares. Reuniendo especialistas de distintos campos, el común Brainstorming se convierte en un procedimiento innovador del que surgirán ideas más enriquecedoras.

Pero, quizá, su mayor ventaja tiene que ver con la previsión de problemas. Como herramienta de planificación estratégica, el Design Thinking va a permitir a tu negocio adelantarse a los distintos problemas que pudieran surgir en un futuro, al mismo tiempo que favorecerá el desarrollo de posibles soluciones. Lejos de quedarse en un simple detector de inconvenientes, esta técnica ayudará a tus equipos de trabajo a encontrar la forma de sortearlos.

Pasos a seguir

El Design Thinking cuenta con un breve mapa de actuación que te ayudará a cumplimentar todos tus objetivos:

1.- Empatizar. Como hemos mencionado antes, esta metodología está centrada en el cliente. Y para conocer y entender sus necesidades, en muchas ocasiones tendrás que “ponerte en sus zapatos”. Este primer paso responde una pregunta muy clara: ¿para quién estás diseñando? Encontrar una respuesta a esta cuestión y analizar las características y el entorno de tu público harán que tu idea, servicio o producto sea más exitoso, y que tu relación con los consumidores sea mucho más cercana.

2.- Definir. Las ideas que se pondrán sobre la mesa en el paso anterior serán muchas y muy variadas. Por eso, es importante realizar una tarea de selección, de manera que se pueda empezar a trabajar sobre los conceptos más potentes. Es en esta fase donde comenzarán a identificarse soluciones a los posibles problemas futuros.

3.- Idear. Como si fuera el tronco de un árbol, de las ideas elegidas en el segundo paso irán surgiendo ramas y brotes, generando una amalgama de posibilidades. Es crucial dejar a un lado los juicios de valor para propiciar la expansión de conceptos. De las ideas más funcionales a las más extravagantes, no cometas el error de hacer descartes: a veces el éxito se encuentra en las soluciones más inesperadas.

4.- Prototipar. Es hora de convertir lo etéreo en terrenal, de dar forma concreta a estas ideas. Trabajar con cosas tangibles te permitirá apreciar mejor las posibilidades de tu planteamiento, e incluso descubrir algunas nuevas que hasta este momento no te habrías planteado, ya sean ventajas o inconvenientes.

5.- Probar. La fase de testeo consiste en que los distintos perfiles de usuarios planteados en el primer paso pongan a prueba tu prototipo. Al igual que en el Prototipado, es una manera de confirmar los puntos fuertes y encontrar soluciones a los problemas que puedan surgir. Tras el ensayo con el público, tu idea seguirá evolucionando hasta alcanzar su forma definitiva.

Una vez conoces estos pasos de obligado seguimiento, es el momento de descubrir el enorme abanico de posibilidades en cuanto a actividades se refiere. Y es que cada una de estas partes cuenta con numerosas acciones a desarrollar, y tu papel será el de seleccionar las que mejor se relacionen con tu objetivo. Puedes Empatizar mediante un Mapa de Actores, Idear con un Drawstorming y Testear con un Lienzo de Propuesta... o puedes elegir entre otras muchas opciones. Lo mejor de todo es que tú y tu equipo sois los encargados de elegir el recorrido de actividades e incluso de proponer vuestras propias posibilidades.

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