El concepto de liderazgo está evolucionando convirtiéndose en menos autoritario y más repartido, lo que facilita que el talento brille más. Este aspecto está en constante estudio y se ha demostrado que es más efectivo cuando el líder sabe otorgar responsabilidades a su equipo. El hecho de delegar en el trabajo ha ido evolucionando hacia un poder más descentralizado.

De la delegación al empoderamiento del trabajador

La delegación consiste en que el líder desplaza algunas responsabilidades a integrantes de su equipo. En este tipo de gestión da una cierta independencia al siguiente nivel de jerarquía para tomar las decisiones en su área de actuación. Sin embargo, el líder supervisará las líneas de actuación y tendrá la última palabra.

Cuando este modelo de dirección se consolida, puede derivar hacia otro conocido como empowerment (empoderamiento), en el cual el líder tiene confianza plena en su equipo y otorga el poder total de cada parcela los miembros de su equipo. Estos tendrán libertad para aprovechar su talento y gestionar de la manera que ellos consideren más efectiva.

 

Los pilares básicos del empowerment

Si el empoderamiento de los trabajadores resulta exitoso convierte a la empresa en más productiva y saludable. Para que el sistema funcione, deben intervenir en el proceso cuatro conceptos sobre los que se apoya:

  • Poder: deberá estar diversificado en todos los niveles. El líder da importancia y confianza a los trabajadores para hacerlos responsables de sus tareas.
  • Motivación: para que el empowerment funcione, el buen trabajo de los empleados debe ser reconocido, premiando los buenos resultados. De esta manera el talento estará más activo e involucrado.
  • Desarrollo: los empleados han de recibir una capacitación permanente mediante formación continua, que puede darse a través de múltiples fuentes. De esta forma, los trabajadores conseguirán crecer profesionalmente y su aporte y engagement respecto a la empresa aumentará.
  • Liderazgo: para que el método surta efecto es necesario que las decisiones estén descentralizadas. La organización tiene que dar la oportunidad de liderar a los trabajadores para que los procesos sean más eficaces.

 

Efectos positivos en el trabajo

Este modelo de gestión, que busca la autonomía de los empleados, propicia un contexto favorable para que el talento salga a relucir y se desarrolle con más rapidez. Esto se traduce en una serie de beneficios a tener en cuenta:

  • Solución de problemas de forma más rápida y efectiva: si surge un problema en un departamento y lo pueden resolver los miembros desde dentro, se atajará antes que si se debe elevar a los órganos de gestión. Además, al conocerse de primera mano el área, la solución podrá ser más efectiva.
  • Incrementando la productividad y la moral: al tener autonomía, los éxitos se sentirán como propios y, con ello, aumentará la motivación de los trabajadores. Como consecuencia, se advierte una mejora de la capacidad para resolver problemas, lo que agiliza y mejora los procesos productivos.
  • Aumento del compromiso: una mayor vinculación de los empleados con la empresa permite que estos se impliquen más buscando el bien de la compañía. Esto les hará sentirse más cómodos, por lo que la fidelización y retención del talento resulta más sencilla.
  • Mejora del ambiente de trabajo: el empowerment fomenta el trabajo en equipo y eso puede ayudar a que las relaciones entre los profesionales mejoren. Esto permite generar ambientes cómodos y que los resultados sean más positivos.

 

Cómo “empoderar” a los empleados de una empresa

Para aplicar la metodología del empowerment de manera satisfactoria es recomendable tener en cuenta varias pautas en cuanto a la relación con los empleados. Ellos son los que harán funcionar este sistema, por lo que se debe producir un acercamiento a todos los niveles. Algunas de las principales medidas para conseguirlo son:

  • Información: transmitir a todos los empleados en qué consiste el empowerment es el primer paso. Así conocerán los beneficios que obtendrán en la toma de decisiones y cómo se transformarán sus funciones en la empresa.
  • Análisis del personal: antes de realizar los cambios es importante conocer el perfil de cada profesional. De esta manera se puede tener en cuenta sus capacidades, fortalezas, debilidades, inquietudes e intereses de cara a que puedan aportar lo máximo posible al proyecto.
  • Realización de encuestas: conocer las opiniones y las sugerencias de los trabajadores es fundamental. En ellas pueden expresar en qué aspectos quieren participar más. Además, si estas son anónimas, las respuestas obtenidas serán más sinceras y valiosas.
  • Transición gradual: los cambios bruscos no suelen ser buenos. En estos casos, es recomendable ir fijando objetivos generales y particulares a corto, medio y largo plazo para ir trazando una hoja de ruta.
  • Inclusión en la toma de decisiones: involucrar a los profesionales en los procesos de toma de decisiones es una buena medida para darles relevancia. En este sentido, tener en cuenta sus opiniones a través de dinámicas como el brainstorming es beneficioso. Para incentivar los aportes de ideas resulta útil premiar las mejores y así habrá una competencia sana y positiva para todos.
  • Comunicación y retroalimentación: es importante fomentar la interacción entre todos los miembros de la organización. Una comunicación que sea fluida y multidireccional reduciendo los filtros es muy útil de cara a mejorar el funcionamiento del sistema de empowerment y de la compañía en general.

 

El empowerment está revolucionando la organización de las empresas, haciéndolas más horizontales. Por ello, la evolución hacia este modelo organizativo es necesaria para no perder competitividad. Sin embargo, para que sus ventajas se hagan notar en cualquier compañía es fundamental que la cultura corporativa esté en sintonía con esta práctica. De esta manera, la implantación de esta estructura será más natural y exitosa.