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Imagina un futuro en el que cualquier objeto que se le ocurriera se encontrara conectado a Internet, intercambiando información con otros dispositivos para hacerle la vida más cómoda. Deje de imaginar porque eso ya existe y se llama el Internet de las Cosas, una tendencia tecnológica que va a revolucionar no solo los procesos de negocio de las empresas y la sociedad en general, sino también el mercado laboral y la búsqueda y la selección del talento.

Frigoríficos que detectan su contenido y se encargan de hacer solos la compra, espejos que dicen si una persona tiene algún síntoma de enfermedad cuando se mira en ellos o traductores automáticos que permitirán al instante entenderse con los demás en cualquier idioma son solo algunas de las posibilidades que ofrecerá el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés). El objetivo de esta nueva tendencia tecnológica es interconectar digitalmente todo tipo de objetos cotidianos a la red.

Y aunque de momento se encuentra en una fase incipiente, su futuro es muy prometedor. Por ejemplo, la consultora tecnológica Gartner asegura que en 2020 habrá en el mundo unos 26.000 millones de dispositivos conectados, una cifra asombrosa que todavía lo es más si tenemos en cuenta que Gartner estima que este año haya 6.000 millones de dispositivos conectados. Y esto generará un volumen de negocio que pasará de los 638.000 millones de euros de 2015 a más de 1,18 billones de euros en 2019, con un ritmo de crecimiento anual del 17%, según la consultora IDC.

Incluso, un reciente informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y del fabricante Cisco apunta que el Internet de las Cosas (IoT) supone una gran oportunidad de desarrollo a escala mundial que podría mejorar las vidas de millones de personas y acelerar espectacularmente los avances para lograr los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

 

Evolución tecnológica
Todo esto será posible precisamente ahora porque se han entrelazado una serie de condicionantes tecnológicos que convergen en esta tendencia. En primer lugar, unos costes de hardware más reducidos y la ubicuidad del acceso móvil están facilitando una mayor inteligencia en los dispositivos y una conectividad homogénea. Por tanto, añadir unos pocos chips de sensores o un módulo de conectividad inalámbrica a un nuevo producto no supone ya un gran incremento en su precio.

Asimismo, la proliferación de dispositivos móviles y los puntos de terminación de las comunicaciones de máquina a máquina (M2M) está creando una base de clientes para desplegar nuevas aplicaciones. A esto se añade la proliferación de tecnologías inalámbricas de corto alcance como RFID, Wi-Fi, Bluetooth o NFC, que facilitan los pagos y el control remoto de los objetos en el hogar, la ciudad, el vehículo, la oficina… En relación con esto, Andrew Milroy, vicepresidente senior de la región Asia-Pacífico de Frost & Sullivan, opina que la “explosión” de la actividad del Internet de las Cosas en los próximos años vendrá impulsada por “la conjunción de los sensores de bajo coste, el cloud computing, la analítica avanzada de datos y la movilidad”.

Paralelamente, el mercado de los dispositivos y los servicios de comunicaciones de persona a persona en los mercados desarrollados está comenzando a saturarse, por lo que las comunicaciones de máquina a máquina constituyen la base idónea para comercializar nuevos dispositivos y proporcionar innovadores servicios a las empresas y a los ciudadanos.

 

Repercusiones inmediatas
Esta revolución tecnológica va a tener, evidentemente, unas consecuencias en el mundo empresarial. El Internet de las Cosas abre enormes oportunidades en una gran cantidad de sectores económicos como la sanidad, la industria farmacéutica, la energía, la seguridad, las telecomunicaciones, las finanzas o los seguros. Sin embargo, los dos ámbitos en los que se está empezando a ver con mayor claridad las consecuencias de su aplicación son el industrial y el del transporte. Según IDC, ambos acaparan de momento el mayor volumen de inversión en IoT, representando el año pasado unos 151.000 y 71.800 millones de euros, respectivamente. En concreto, los analistas de la consultora prevén que el mercado industrial sea el que experimente un mayor crecimiento del gasto en esta parcela. De hecho, ya se habla de la Empresa 4.0 con la proliferación en las fábricas de un buen número de dispositivos que optimizan las capacidades de carga de los sistemas de producción en función del precio de la energía, la adaptación de sus líneas productivas o los sensores de consumo.

Las oportunidades son enormes y las empresas deben aprovechar esta tendencia para cambiar su forma de relacionarse con sus clientes y mejorar así los productos y servicios que les ofrecen. Eso implicará también modificar el funcionamiento y los procesos de determinadas áreas como las de marketing, operaciones o logística, entre otras. Todo ello basado en un nuevo planteamiento de organización de personas que reformule el concepto del valor y la gestión del talento.

 

El mercado laboral
Este nuevo panorama, por tanto, trae consigo una consecuencia directa para el mercado laboral. Y es que, gracias al Internet de las Cosas, se creará el potencial necesario para automatizar un gran número de procesos que hasta el día de hoy eran manuales. Ahora bien, conviene no ver esto como una amenaza, sino más bien como una transformación de la fuerza de trabajo, en donde poco a poco irán apareciendo nuevos puestos con mayor foco en el análisis y la explotación de la información. Así, habilidades como el análisis de datos, la toma de decisiones, la solución de problemas, el pensamiento creativo y la comunicación efectiva serán habituales en el currículum de los candidatos.

Todo ello supone, desde el punto de vista del reclutamiento y la selección, un auténtico desafío para las empresas. De hecho, ya se está produciendo un aumento en la demanda de talento relacionado con las áreas de Big Data, Business Intelligence, análisis de datos e innovación y desarrollo relacionadas con el IoT, a los que hay que sumar otros perfiles tecnológicos también auge como programadores .Net y Java, consultores de CRM y desarrolladores de aplicaciones móviles y de comercio electrónico, tal y como apunta Randstad Professionals en su último informe de finales del año pasado.

El siguiente gran desafío, por supuesto, es que las universidades sean capaces de formar profesionales acordes a los perfiles que el mercado necesita. Para ello deberán impartirse materias relacionadas e incentivar a los estudiantes a diseñar y desarrollar proyectos en este sentido. Pero, además, el Internet de las Cosas tiene otras consecuencias que pueden incidir directamente en el funcionamiento de los departamentos de Recursos Humanos. Y es que, al incluir su gestión en las operaciones estratégicas clave de la organización, requiere disponer de herramientas que permitan medir, monitorizar y evaluar el desempeño de los empleados, los equipos y los cargos de responsabilidad en relación con los objetivos establecidos.

Contar con una tecnología como la que proporciona el Internet de las Cosas, capaz de aportar datos objetivos y detallados sobre procesos, tareas y operaciones en tiempo real y en cualquier momento y lugar, representará una enorme ventaja competitiva. Por supuesto, disfrutar de todo ello solo será posible implementando las herramientas analíticas de última generación que, además de monitorizar y evaluar el desempeño presente y pasado, permitan anticipar posibles escenarios de futuro.

En definitiva, el Internet de las Cosas ha llegado para quedarse y conviene ir preparándose para todas las novedades que aportará en el terreno laboral y de recursos humanos.