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Un buen ejercicio del liderazgo no es sinónimo de férreo control o exceso de rigidez.

Actualmente muchas organizaciones adolecen de falta de liderazgo, esto es debido a que el proceso por el cual un responsable o encargado se convierte en líder no es sencillo. Los líderes no surgen de la nada, aunque hay quienes tienen capacidades innatas para ejercerlo, deben ser educados para desarrollarse como tales.

Los puntos fuertes del liderazgo

El líder tiene una serie de características que empieza por una visión clara y global de su trabajo, es decir, tiene un objetivo bien definido.
Se comunica de forma sencilla, convincente y motivadora. Es sincero, íntegro, apasionado y dirige acciones. Warren Bennis, conocido como padre del liderazgo y gran gurú de la motivación, definió la meta del líder como “creación de significado”.
Un líder se distingue de los demás por su constante sed de conocimientos y experiencias y, a medida que su mundo amplia horizontes y se vuelve más complejo, sus medios de comprensión también se multiplican y se refinan. Ha de estar familiarizado con un contexto en constante evolución y ser capaz de adaptarse a él.
Es frecuente en ellos el uso de la tecnología avanzada como vehículo de comunicación, oportunidad para la empresa y fuente de nuevos negocios.
Los retos
Por otra parte, los retos cambian. El reto de los líderes del siglo XXI no es el mismo al que se enfrentaron los del siglo pasado.
Antes se trataba de controlar, ordenar y predecir en un sistema perfecto en entornos estables, enfocado a la productividad mecánica, la cantidad de tornillos por hora que podía atornillar el trabajador.
En el entorno actual, la productividad está directamente ligada a la motivación, tanto intrínseca como extrínseca de manera adicional, en un mundo donde la digitalización es imparable, reinventarse por la velocidad de los cambios es obligatorio.
Sobre este tema se habló en el Foro Davos en Madrid. Allí se puso a debate el papel del liderazgo y de la figura del líder del siglo XXI.
El florecimiento tecnológico y su repercusión en las capacidades de adaptación que ha de desarrollar un líder fue un punto clave del encuentro. Es la era del poder repartido, donde la empatía y la escucha es fundamental.
Rodrigo Martín, presidente ejecutivo de Randstad España y Latinoamérica, subrayó la importancia de llevar a cabo una gestión basada en valores.
La coherencia entre el discurso y la acción es un factor fundamental para el buen líder, éste ha de poseer un currículum de valores que encajen con los mismos de la organización.
Saber comunicar bien estos aspectos es muy importante para la creación de compromiso entre los empleados, algo que repercutirá directamente en la productividad de la empresa. La cercanía es esencial también para crear cultura organizativa.
¿Estás preparado para ser líder? ¿Cuál consideras que debe ser el perfil del líder del siglo XXI?
¿Cómo debe comportarse con sus empleados?