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Nuestros campos necesitan un relevo generacional de manera inminente. Haciendo un símil con la progresiva inversión de la pirámide de población española, donde la base es cada vez más estrecha y la cúspide, más ancha, es lógico pensar que, tarde o temprano, nuestros ganaderos necesitarán colgar azada y horca definitivamente.

Si habláramos de un sector atractivo per se, como el electrónico, los medios de comunicación, el alimentario, el automovilístico y el hostelero –que ocuparon los primeros puestos del ranking en los Randstad Award de 2014– no habría problema alguno, pero lo cierto es que la del agricultor no figura entre las profesiones vocacionales de los más jóvenes.
Unas vocaciones, por otro lado, que se han intentado incentivar a través de las últimas reformas acometidas en la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, que además de fomentar las buenas prácticas agrícolas y medioambientales y de instaurar diversos requisitos legales y de gestión, buscan atraer al capital humano más joven a través de un paquete de subvenciones que asciende a 47.500 millones de euros para el periodo 2015-2020.

En el marco de la entrada en vigor de las PAC aprobadas para el periodo 2015-2020, el pasado mes de enero, fue la propia ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, quien afirmó que uno de los objetivos de esta nueva oleada de programas para el desarrollo rural era atraer a 15.000 nuevos jóvenes agricultores en el plazo de cinco años, pero… ¿qué más cabe hacer?
Evolución del sector
Las empresas agrícolas suelen ubicarse en entornos rurales y acostumbran a estar en manos de una misma familia, pasando de generación en generación, con lo que, si uno no se encuentra dentro del círculo, dificílmente conozca los entresijos de un sector que, poco a poco, ha ido perdiendo su carácter rudimentario para ganar en tecnificación, sofisticación y especialización.
El agricultor debe controlar al 100% tanto las etapas de siembra y recolección como los factores que entran en juego durante la producción agrícola, como la estacionalidad de los productos, el clima, las posibles plagas, etc.
Con el tiempo, este profesional ha tenido que incorporar conocimientos relativos a cuestiones como la seguridad alimentaria, la trazabilidad del proceso o la actividad exportadora, a la que se han sumado un gran número de empresas agrícolas en los últimos años. Unos ámbitos que, ligados a una mayor tecnificación del perfil del agricultor, que cada vez dispone de más formación reglada a su alcance, representan un mayor valor añadido para el joven agricultor. Un perfil que, en su mayoría y en paralelo, ha accedido a la formación en management empresarial y gestión de equipos que actualmente imparten numerosas universidades y escuelas de negocio de nuestro país.
La entrada en escena de la agricultura ecológica y el auge del consumo de kilómetro 0 –que hace especial hincapié en adquirir productos de proximidad, elaborados lo más cerca posible del lugar de residencia-, por los que apuestan especialmente las familias más jóvenes representan, asimismo, ámbitos en los que los agricultores más noveles pueden desarrollarse a la hora de buscar su lugar en un sector que, como veíamos antes, a veces presenta unas reticencias difíciles de vencer por parte de los recién llegados.
Del smartphone al campo
Si los agricultores apuestan cada vez más por exportar al menos parte de su producción, está claro que necesitan de herramientas y plataformas que les pongan en contacto directo e inmediato con sus principales interlocutores, se ubiquen en el lugar que se ubiquen.
Una habilidad, la del dominio de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), dispositivos móviles y redes sociales, con la que ya cuentan los jóvenes de nuestro país y que les sirve para estar informados de todo cuanto acontece en el sector y para estar conectados con sus públicos de interés. De hecho, una gran mayoría de ellos pueden ser considerados nativos digitales, con lo que su aportación en materia tecnológica al sector parece incuestionable. Una aportación que, a su vez, redundará en una mayor versatilidad y capacidad resolutiva por parte del sector.
Cabe destacar, asimismo, el potencial que los smatphones ofrecen a la hora de gestionar datos de la explotación agrícola, comercializar los productos, dar una respuesta inmediata ante cualquier eventualidad, controlar el stock o las previsiones de producción, calendarizar las fases de la siembra, etc.
Un ejemplo de ello es la plataforma web para la gestión online de sus cuadernos de explotación que los agricultores aragoneses pusieron en marcha este mes de abril.
La nueva herramienta informática, apoyada por el Gobierno de Aragón, facilita notablemente el registro de los productos fitosanitarios que los agricultores utilizan en sus cultivos, un registro obligatorio de acuerdo a la legislación vigente y que hasta ahora se hacía de forma manual.
En definitiva y pese a que la agricultura sigue sin colarse en los rankings de sectores más atractivos, lo cierto es que tiene un gran potencial en términos de tecnificación, cualificación, internacionalización, TIC y nuevas tendencias, ámbitos que nuestros profesionales más jóvenes ya dominan y que representan oportunidades reales de desarrollo en un sector como el agrícola que, accionando los mecanismos adecuados, puede evolucionar hasta cotas insospechadas. ​​​​