Despachos, asesorías de empresas y proveedores de servicios jurídicos alternativos se centran en buscar profesionales con una formación multidisciplinar que vaya más allá del derecho, y que incluya elementos adicionales a la ya tradicional formación en administración de empresas y gestión, como por ejemplo tecnología e innovación. 

El siglo XXI empuja a las nuevas generaciones de abogados a adquirir una serie de competencias y habilidades como la gestión de proyectos, planificación de negocio, conocer los últimos avances en tecnología, practicar el networking, la empatía, el mentoring o el liderazgo, entre otras, que les ayuden a ir más allá de sus propios conocimientos jurídicos.

Los perfiles multidisciplinares ya no se centran únicamente en la formación técnica tradicional de un profesional del Derecho. Ahora, con toda la evolución que está sufriendo el sector, las habilidades personales también se tienen en cuenta. Este cambio es debido a la lógica consecuencia de las demandas de los proveedores, quienes exigen el mismo tipo de habilidades que les permita para prestar un servicio óptimo en todos los sentidos.

Las habilidades demandadas:

La personalidad y las capacidades personales suman a la hora de gestionar las tareas propias en despachos, empresas o proveedores de servicios jurídicos, estas son las más demandadas según se recogieron en el Legal Management Forum de finales de 2018:

 

  • Conocimientos financieros y contables. El asesoramiento jurídico va ligado en muchas ocasiones a cuestiones económicas. Entender el lenguaje financiero y contable facilita tener una visión más global de la operación, además de ganar la confianza del cliente.
  • Trabajo en equipo. Según la complejidad de las tareas, los abogados pueden verse obligados a trabajar en equipos multidisciplinares, por lo que las competencias sociales son esenciales.
  • Diversidad. Contar con equipos diversos en género, edad y cultura favorece el valor de marca y la consolidación de los objetivos marcados. El talento es diverso y, por ende, los equipos deben serlo. También se observa que los clientes demandan dicha diversidad.
  • Legal Project Management. Configurar equipos, integrar la tecnología en los diferentes procesos y delegar las tareas son cuestiones que cada vez más se hacen necesarias para alcanzar una mayor eficiencia en las tareas legales.
  • Tecnología y procesos. La adaptación a nuevos procesos y evoluciones tecnológicas que pueden mejorar y cambiar la rutina diaria en los despachos es básica, es decir, estar abiertos a no dejar de aprender y aplicar nuevas innovaciones en el día a día es una cuestión muy a tener en cuenta en los despachos de abogados.
  • Habilidades comunicativas. A pesar de la jerga habitual y necesaria que domina en el universo de la jurisprudencia es necesario adaptar y ser hábil en la comunicación de los mensajes más técnicos, con el objetivo de que los interlocutores ajenos a este léxico puedan entender las circunstancias de su caso. Traducir y adaptar esos tecnicismos mediante capacidades comunicativas es muy necesario.
  • Gestión del cambio. Contar con equipos ágiles capaz de adoptar una cultura de cambio en su puesto de trabajo ayudará a los profesionales al frente de los grupos de trabajo a gestionar con más efectividad los imprevistos y el trato al cliente.
  • Pricing. Tener una visión financiera que permita analizar y medir el valor económico de un servicio jurídico y las posibles variaciones es vital para conocer la efectividad de los equipos y la rentabilidad de los servicios prestados.
  • Enfoque colaborativo. Es importante tomar conciencia de los beneficios que aportan la creación y la gestión de redes de colaboración entre pequeños y grandes despachos y demás servicios con el objetivo de optimizar el trabajo de manea estratégica.

 

¿Qué papel juega la tecnología?

La digitalización ha traído consigo al mundo de la legalidad la posibilidad de hacer eficientes diversos procesos y generar una gran cantidad de oportunidades innovadoras. Estas son algunas de las herramientas que están revolucionando el sector:

– Big data. Favorece el análisis y la comprobación de las grandes cantidades de datos que se usan en las operaciones legales.

– Blockchain. Posibilita el seguimiento y proporciona un registro de las transacciones.

– Machine learning. Los algoritmos que se generan permiten clasificar los documentos legales.

– Bots. Esta herramienta facilita el proceso de los trámites legales.

En definitiva, la adquisición de estas competencias es completa si hay una transformación cultural previa en las compañías legales, las cuales deben apoyar y tomar la iniciativa en el desarrollo de estas habilidades. Impulsar la formación en esta serie de competencias, dotar a los profesionales de herramientas para mejorar su aprendizaje, es vital para transformar al abogado tradicional al abogado del siglo XXI.