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A la hora de comunicarte, mucha de la información que transmites no proviene de las palabras que dices. Esta fue la conclusión de un famoso estudio realizado en los años 60: el investigador y psicólogo Albert Mehrabian determinó que el 93% del impacto de nuestros mensajes depende de elementos no verbales.
Si bien el estudio de Mehrabian ha sido reinterpretado y discutido, parece evidente que para ofrecer una comunicación eficaz y coherente hay que tener en cuenta todos los elementos -también los no tan explícitos- que entran en juego cuando te relacionas con los demás.
Definiendo el lenguaje corporal

Existe una ciencia que estudia este tipo de comunicación corporal: la kinésica o cinésica, de la raíz griega kinesis, que significa movimiento.
Engloba el lenguaje corporal derivado de los gestos, la postura o la expresión facial. En este campo se estudian detalles como la mirada, la sonrisa, las percepciones auditivas y táctiles, y sus respectivas reacciones.
Fue un antropólogo americano llamado Ray Birdwhistell quien acuñó el término de kinésica en la década de los 50 y la definió como “la comunicación silenciosa en la que el cuerpo juega un papel a la hora de enviar un mensaje”.
Desmond Morris, otro estudioso sobre esta ciencia, se centró en el papel que juegan en este campo los gestos de las personas. Según Desmond, en muchas ocasiones el ser humano no es consciente de adoptarlos y éstos transmiten mensajes muy valiosos sobre su estado anímico u otro tipo de información personal. Él definió la comunicación no verbal como “cualquier acción que envía una señal visual a un espectador… y le comunica un fragmento de información”.
Lenguaje corporal como ayuda personal y profesional

Todos estos elementos han construido lo que se ha entendido por la comunicación no verbal y el lenguaje corporal, que reflejan información valiosísima a todos los niveles.
Entrelazar los dedos en una reunión revela autoridad, tener los brazos cruzados denota una actitud defensiva, mirar hacia abajo refleja no creer en lo que se escucha, frotarse las manos en una entrevista, por ejemplo, significa impaciencia, etc…
Cada pequeño movimiento puede tener un significado y ser interpretado por tu interlocutor, de una manera muy concreta.
Aunque sean difíciles de controlar y en muchas ocasiones automáticos, es útil trabajar estos aspectos para saber qué piensan y siente los demás y, sobre todo, para mejorar y controlar tu relación diaria con las personas que te rodean.
A continuación, se presentan algunas claves para hacer un uso eficiente del lenguaje corporal en todos los campos:
  • En el aspecto exterior: mantener una buena imagen en la forma de vestir denota organización y pulcritud en la personalidad del sujeto. La vestimenta informa también sobre la aceptación y adecuación a ambientes y normas sociales.
  • En la mirada: a través del contacto visual se puede saber hacia dónde torna una conversación, una decisión. Mirar directamente implica seguridad y confianza en uno mismo.
  • En la modulación de la voz y la forma de expresarse: una voz clara significa dominio de la situación. Por otro lado, el tono debe ser controlado y moderado, sin parecer agresivo y teniendo especial cuidado en el énfasis que se da a cada palabra.
  • En la forma de caminar: se proyectará confianza si se camina de forma erguida y con la cabeza la frente. Hay que evitar andar con las manos en los bolsillos o la espalda encorvada.
Cada detalle cuenta, y por eso hay que cuidarlos todos. Debe existir una sintonía entre las palabras transmitidas y los gestos reflejados para que el mensaje que llegue al receptor sea exactamente el que buscabas.
¿Cómo cuidas tú tu lenguaje corporal? ¿Te esfuerzas en mejorar este aspecto? ¡Cuéntanos cómo!​​