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Generalmente cuando hablamos del juego lo asociamos a actividades lúdicas que se hacen durante el tiempo de ocio. Sin embargo, también se puede aplicar en otros contextos, como el profesional. Es una técnica que se conoce como gamificación y cada vez más empresas se animan a incorporarlo con el fin de mejorar la satisfacción de sus empleados, la productividad y la reputación.

¿Qué es la gamificación?

Este concepto procede del término inglés gamification que empezó a popularizarse en 2010 y se define como la traslación de técnicas propias de juegos a actividades no lúdicas, para así hacerlas más atractivas, logrando un cambio de perspectiva hacia ellas.

Esta técnica se emplea en diversos campos como: ventas, marketing, educación, sanidad, etc. Además, resulta muy interesante su aplicación en el ámbito laboral, ya que sirve como estímulo de cara a dinamizar procesos y hacerlos más eficientes.

El objetivo es hacer más divertidas las tareas ordinarias, para que la propia experiencia del proceso sea mucho más satisfactoria y ágil. Y se consigue a través de un conjunto de componentes (puntos, logros, niveles…), mecánicas (feedback, recompensa, cooperación...) y dinámicas (de progresión, de narración, de emociones…). Por ejemplo, una barra de progreso que marca el porcentaje completado de un informe contribuirá a que el trabajador incremente su esfuerzo por finalizarlo, más aún si se plantea como una competición amistosa entre todo el equipo y cuenta con una recompensa final.

Los beneficios de la gamificación para ti y para tus profesionales

Emplear la gamificación en el entorno laboral implica ventajas a muchos niveles, porque hace que las actividades, tanto productivas como formativas, sean más amenas, contribuyendo así al desarrollo individual de los equipos y también a hacer la empresa más competitiva. ¿Cuáles son los beneficios principales de aplicar esta filosofía en tu organización?

  • Motivación: el simple hecho de hacer del trabajo una experiencia lúdica ya conlleva un plus motivacional. Además, lo puedes reforzar añadiendo logros y recompensas que sirvan como estímulo de cara a los empleados, con el objetivo de ayudarles a completar sus tareas de manera más rápida y eficaz.
  • Sentimiento de pertenencia: el aumento de satisfacción y motivación por parte de los profesionales se traduce en una mayor identificación con los valores de tu organización, lo que mejorará su proactividad y su nivel de implicación en ella.
  • Productividad: el estímulo provocado por el juego facilita que los empleados sean capaces de acelerar los procesos, desarrollar un mayor volumen de tareas y aportar más ideas innovadoras, por lo que su productividad aumentará para beneficio propio y de la empresa.
  • Mejora el employer branding: cada vez los candidatos valoran más las condiciones de trabajo de las empresas a las que optan incorporarse. Ahí la gamificación puede ser decisiva, porque se trata de un valor añadido de cara a la experiencia del empleado y su crecimiento profesional. Además, si tus equipos experimentan estos beneficios, es más probable que se conviertan en embajadores de marca y te ayuden a atraer talento.

Gamifica tu organización en cuatro pasos

Introducir elementos gamificados en tu compañía no es un paso instantáneo, sino que requiere un plan organizado que te permita optimizar al máximo los beneficios del juego en el trabajo. Para conformarlo has de tener en cuenta las características de tu empresa (espacio de trabajo, actividades, recursos tecnológicos, etc.) y contar con una cultura corporativa innovadora y abierta, que permita su implantación y poder así extraer el máximo partido posible a este tipo de técnicas. Estos son los cuatro ejes de la gamificación en tu empresa:

  • Crea espacios comunes para el ocio: si no tienes una sala de juegos en tu organización, es el momento de habilitarla. Reporta beneficios indirectos sobre la productividad, porque contribuye a mejorar el estado de ánimo y las relaciones entre los empleados, algo fundamental de cara a mejorar el rendimiento individual y colectivo de los equipos.
  • Idea juegos para lograr objetivos: la motivación incrementa la capacidad de superación para alcanzar cualquier meta que te propongas, y el juego ayuda a estimularla. Primero debes reconocer qué objetivos quieres alcanzar y los procesos concretos que pretendes gamificar. Si, por ejemplo, tu objetivo es incentivar la venta de un producto concreto, puedes crear un avatar por cada empleado y que gane puntos cada vez que logre cerrarla.
  • Establece un sistema de recompensas: el juego supone una motivación en sí, pero se puede multiplicar si los logros se traducen en recompensas. Por ello es interesante que en tu sistema gamificado introduzcas premios con relación a los objetivos cumplidos (flexibilidad horaria, formación extra, material, etc.).
  • Promueve actividades fuera del trabajo: la gamificación no tiene por qué reducirse exclusivamente a la jornada laboral, sino que también puedes proponer actividades de team building fuera del espacio de trabajo. Impulsar juegos enfocados a conocerse mejor y a la cooperación permitirá que los equipos se complementen mejor entre sí, lo que se trasladará a la actividad laboral.

La gamificación se está extendiendo por las empresas, porque supone un elemento útil a nivel interno y un factor diferenciador de cara al exterior. Si se implementa correctamente, el juego se convierte en un estímulo para mejorar los procesos. Planifica la manera de aplicarlo en tu empresa y conseguirás que tus profesionales sean más productivos y aumente su satisfacción, lo que, al mismo tiempo, beneficiará el employer branding de tu organización, facilitándote la tarea de atraer talento.

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