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Todo lo que supone una recompensa motiva a las personas a actuar. Frederick W. Tailor, promotor de la organización científica del trabajo, tenía la absoluta certeza de que los empleados se esforzarían más si se les ofrecía un aliciente económico basado en el número de unidades que producían.

Este modelo fue seguido por otros muchos teóricos como Gantt o Gilbreth y, aunque los sistemas de cálculo de incentivos han sufrido muchas modificaciones, todos ellos van encaminados a relacionar salarios con productividad.

El objetivo de los incentivos, es estimular a los trabajadores en la actividad realizada en sus labores diarias.
Los empleados motivados son más productivos
Se estima que los trabajadores que se sienten felices y realizados incrementan un 30% su productividad.

Acuden al trabajo con más ilusión, son más eficaces, rinden más y por consiguiente, son responsables de mejores resultados para la empresa.
Teniendo en cuenta que la felicidad por el aumento salarial o el ascenso es finita y la motivación de los empleados suele perderse en los primeros seis meses en el 85% de las empresas, de acuerdo con un estudio de la Harvard Business School, resulta imprescindible llevar a cabo técnicas para mantenerla.
Curiosamente, la motivación no depende solamente del dinero y el ascenso profesional. Muchos expertos coinciden en que, a largo plazo, las recompensas monetarias no producen rendimiento ni productividad.
Para Bob Nelson, uno de los principales expertos mundiales en temas de motivación, compromiso y recompensas en el área de Recursos Humanos, “energizar, motivar e inspirar a través del reconocimiento y del agradecimiento” refuerzan los comportamientos de los empleados y aseguran el éxito de las compañías.
Crear un clima laboral agradable, donde el profesional se sienta respetado, apreciado y valorado, es clave para mantener un equipo entusiasmado y garantizar el éxito de la empresa.
Por supuesto que la remuneración económica es necesaria para los empleados, pero una vez se alcanza un estándar de vida, otros factores son más valorados.
Por ejemplo, conferir autonomía, que es sinónimo de confianza, generar un sentimiento de integración en un equipo, recibir apoyo cuando se comete un error, el reconocimiento público o que se brinden oportunidades para el desarrollo profesional son algunos de los más importantes para los empleados de hoy en día.
Otro de los incentivos que cada día cobra más importancia es la formación de los empleados. Esta formación permite un conocimiento más global de la empresa y de la tarea que desarrolla en trabajador.
Desde Randstad somos conscientes de la importancia de retener el talento a través de prácticas basadas en la gratitud y alicientes motivacionales.
Para ti ¿cuál es el mejor motivador para los empleados: el dinero o el reconocimiento? ¿Qué ventajas le aporta a una empresa llevar a cabo la cultura del agradecimiento?

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