mujeres e ingeniería | cuatro figuras inspiradoras

Las mujeres ingenieras representan una pequeña parte del sector. El Instituto de Ingeniería y Tecnología denuncia que solo el 9% de los ingenieros son mujeres pero, a pesar de ello, a través de la historia, han jugado roles significativos en grandes proyectos, desde reconocidos puentes internacionales a objetos de la vida cotidiana.

Seguramente te suene el nombre de Ada Lovelace, que trabajó junto a Charles Babbage en el motor analítico. Hoy es considerada por muchos como la primera programadora informática. Lovelace fue una contribuyente más que significativa al mundo de la tecnología y la ingeniería.

Sin embargo, hay muchas mujeres que merecen la misma atención por sus contribuciones en este campo. Aquí destacamos algunas de ellas:

 

Sarah Guppy
En la era Victoriana y Georgiana en Inglaterra, las mujeres casadas no tenían permitido poseer propiedades: toda clase de pertenencias debía estar a nombre de sus maridos. Esto significaba que las mujeres tenían prohibido poseer propiedad intelectual, lo que incluye las patentes.

Gracias a esto, los hombres estaban más reconocidos por sus inventos. Sin embargo, Sarah Guppy fue una mujer que encontró el camino para sortear este obstáculo. Inventó varios objetos, incluido un candelabro que permitía a las velas arder durante más tiempo, y un ingenio que permitía calafatear mejor los barcos. Incluso ganó un contrato de 40.000 libras (47.000€) con la Armada por un invento que permitía eliminar los percebes de los barcos con mayor facilidad.

Su mayor y más significativo invento, sin embargo, fue la creación de dos de los más famosos puentes del Reino Unido: el Clifton Suspension Bridge, que pasa sobre el Avon en Bristol, y el Menai Suspension Bridge, sobre el estrecho de Menai en Gales.

Guppy patentó, además, un método que permitía asegurar los puentes. Thomas Telford, el creador del puente de Menai, pidió permiso para utilizar su diseño. Ella se lo permitió de forma gratuita, ya que lo consideraba un beneficio público, e hizo lo mismo cuando su amigo Isambard Kingdom Brunel, uno de los más reconocidos ingenieros del Reino Unido, le solicitó su ayuda con el puente de Clifton.

 

Emily Roebling
Otra contribuyente femenina en el mundo de los puentes mundialmente famosos, fue Emily Roebling. Trabajó en el puente de Brooklyn, uno de los más reconocidos símbolos de Nueva York.

El proyecto fue iniciado por su suegro, el respetado ingeniero John A. Roebling, que falleció durante la construcción del puente y dejó a su cargo a su hijo (el marido de la Roebling), Washington Roebling. Sin embargo, Washington pronto desarrolló lo que se conoce como la enfermedad de la Descompresión por trabajar en los cajones hidráulicos del puente. Tuvo que guardar reposo por culpa de la enfermedad, lo que permitió a Emily tomar el control del proyecto.

Dado que había estudiado el uso de los cajones hidráulicos con su marido poco después de casarse, fue capaz de ampliar este conocimiento aunando la información que su marido pasaba a sus asistentes. Llevó a cabo la mayoría de las tareas de un jefe de ingeniería y planificó la finalización del puente con su marido.

En honor a su contribución, Roebling fue la primera persona que cruzó el puente de Brooklyn después de su apertura oficial. Hoy en día se puede ver una placa en el puente dedicada a su memoria, la de su marido y su suegro.

 

Mary Anderson
¿Conduces un vehículo? Si es así, estarás más que familiarizado con el icónico ingenio que la ciudadana americana Mary Anderson aportó al campo de la ingeniería.

En un viaje a Nueva York en 1902, Anderson se dio cuenta de que un conductor de tranvía se había dejado su ventana frontal abierta para evitar que la aguanieve se acumulara en el cristal. Este fue el principio del proceso que culminó con el invento de uno de los elementos más importantes de todos los vehículos: el limpiaparabrisas.

En 1903, la señora Anderson solicitó una patente que le fue concedida durante 17 años. Parte de su éxito se basó en el desarrolló de un diseño básico que funcionaba bien, en contraposición a otros que se habían creado hasta entonces. Sin embargo, cuando intentó vender los derechos de su invento, le dijeron que no tenía valor comercial.

Unos años después, la industria automovilística se apropió del diseño de Mary Anderson y lo convirtió en un estándar que hoy en día llevan todos los vehículos.

En 2011, Anderson fue incluida en el Salón de la Fama de los Inventores de la Nación, de forma que será recordada por siempre.

 

Edith Clarke
La pionera Edith Clarke fue la primera mujer que consiguió el título de ingeniera eléctrica del muy respetado Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), inscrita en 1918.

No fue capaz de conseguir un trabajo en el campo que había estudiado, así que comenzó a trabajar para General Electric supervisando a otros trabajadores en el departamento de ingenieros de turbina. En su tiempo libre, se las arregló para inventar una calculadora que permitía investigar las características eléctricas de las líneas de transmisión de energía eléctrica.

En 1921, cuando seguía sin encontrar un trabajo como ingeniera, abandonó General Electric y comenzó a trabajar de profesora de Física en la Universidad Femenina de Constantinopla, Turquía. El año siguiente, en 1922, sin embargo, le fue ofrecido un trabajo de ingeniera eléctrica en General Electric.

La señora Clarke fue la primera mujer en publicar una investigación en el Instituto Americano de Ingenieros Eléctricos (AIEE, por sus siglas en inglés). Posteriormente, pudo ganar varios premios del AIEE: mejor publicación regional en 1932 y la mejor publicación nacional en 1941. Permaneció en General Electric hasta 1945, año en que se retiró.

 

Sobre la autora:
Eveline Kramers – Especialista en contenidos

Eveline crea contenidos de marketing, escribe historias, gestiona redes sociales y de vez en cuando se implica en liderazgo estratégico. Antes de realizar estas labores, gestionó un acuerdo semipúblico y trabajó en gestión de cuentas globales.

 

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