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¿Te imaginas la ciudad en la que vives dentro de 20 años? Es posible que se convierta en una auténtica Smart City o, incluso, que su proceso de transformación ya se haya iniciado.

Este término anglosajón hace referencia a las ciudades que hacen uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones para ser mucho más eficientes y sostenibles. Pero, ¿cómo afectará el desarrollo de estas urbes al ámbito laboral y profesional?

A grandes rasgos, se puede subrayar que la evolución del empleo en las conocidas como ciudades inteligentes estará enfocada a atender las necesidades básicas de aquellos que las habitan. Esto se consigue ofreciendo un aumento de la calidad de vida, un desarrollo económico-ambiental, además de una gestión prudente de los recursos naturales y un buen aprovechamiento del tiempo.
¿Qué elementos caracterizan a una “ciudad inteligente”?
Las Smart Cities deben recopilar todos los datos que se generan en ellas, analizarlos y procesarlos con el objetivo de facilitar los retos que se plantean en el presente y prever los futuros. Pero, ¿qué necesitan las ciudades para cumplir los requisitos con los que cuenta una “ciudad inteligente”?:
  • Generar nuevas profesiones: este tipo de localidades, dependientes en gran medida de la tecnología, demandarán perfiles profesionales totalmente novedosos que requerirán de una formación adaptada y específica.
  • Favorecer la participación y el acceso a la información en tiempo real: toda información tiene que ser compartida y difundida, apostando por la transparencia y maximizando las posibilidades que las propias tecnologías ofrecen. De esta forma los ciudadanos tendrán todas las herramientas a su alcance, pudiendo hacer un uso eficiente de su tiempo y facilitando la vida en común.
  • Contribuir a la optimización de los servicios y la creación de nuevas redes de comunicación: es importante que los servicios de la ciudad sean de calidad y cumplan sus objetivos. Para ello, además, es esencial contar con una red de transporte e infraestructuras adecuadas que permitan la correcta movilidad de quienes las habitan.
  • Ser referentes en eficiencia, calidad, transparencia e innovación: a través de iniciativas como la reducción del gasto público, el uso de las TIC para ahorrar costes y tiempo o involucrándose en iniciativas de investigación.
  • Contar con sistemas de información avanzados: con el fin de posibilitar un desarrollo constante para la Smart City.
  • Disminuir el consumo energético y la emisión de CO2: una gestión óptima de la energía y la limitación de las emisiones de gases contaminantes ayuda a combatir los efectos del cambio climático y permite reducir el gasto energético.
Ciudades que se han convertido en referentes
¿Existen ya Smart Cities en el mundo? A nivel internacional, capitales como Tokyo, Londres o Nueva York son algunas de las ciudades que más se asemejan a este concepto. En España, se dan casos como el de Madrid, Barcelona o Málaga. Santander, sin embargo, se sitúa a la cabeza de todas ellas con su idea de “ciudad inteligente” para el futuro.
SmartSantander, que es como se denomina este proyecto, es el motor que pretende convertir a esta localidad cántabra en un referente de Smart City en nuestro país. La ciudad cuenta ya con un gran número de sensores de medición de ruido, humedad o CO2.
Los ciudadanos, por su parte, también cuentan con aplicaciones para móviles en las que están informados en tiempo real sobre la ocupación de las bibliotecas, el tiempo de espera para el autobús o el estado de las playas.
El perfil profesional que demandará la ciudad inteligente
En los próximos diez años se prevé que las formas y métodos de trabajo se transformen, dando lugar a nuevas profesiones. Un cambio que vendrá impulsado por la incorporación al mercado laboral de los millennials, los jóvenes nacidos aproximadamente en las décadas de los ochenta y los noventa.
Para entonces, se espera que se produzca un gran proceso migratorio desde los entornos rurales hacia estos núcleos urbanos más grandes y desarrollados, lo que implicará cambios en la estructura del mercado laboral. A medida que estas ciudades crezcan, surgirán grandes desafíos para la gestión de personal y es ahí donde los departamentos de recursos humanos encontrarán un gran reto: adaptarse a la Smart People (perfiles profesionales propios de las Smart Cities); y hacer uso de las plataformas de datos abiertos (open data) para conseguir una mayor eficiencia, ahorrar costes, mejorar las prestaciones e impulsar el crecimiento económico.
Estas ciudades inteligentes destacarán, en gran parte, por recurrir a la economía del conocimiento, haciendo uso de las tecnologías y la investigación para desarrollar avances en sectores como la ciencia, industria y comercio.
Tal y como indican las previsiones de contratación de Randstad, la búsqueda de talento se centrará, precisamente, cada vez más en los perfiles denominados STEM (Science, Technology, Engineering & Mathematics) o, lo que es lo mismo, aquellos que cuentan con formación en ingenierías como Informática o de Telecomunicaciones (electrónica, apps); carreras relacionadas con ciencias de la salud como Medicina y Farmacia; o aquellas vinculadas a la Física o las Matemáticas.
El desarrollo de los perfiles STEM irá asociado también a un gran aumento de datos e información, Será importante, por tanto, que existan candidatos capaces de gestionar y utilizar el Big Data.
Por último, el sector de la energía y la educación también serán grandes creadores de puestos de trabajo en el futuro más cercano. El primero vendrá ligado a profesionales que diseñen y construyan redes de suministro inteligente con el fin de ahorrar en el consumo.
El segundo, de faceta mucho más social, jugará un papel fundamental en la enseñanza, imprescindible para el desarrollo de las Smart Cities.
Y tú, ¿cómo crees que serán los trabajos del futuro?

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