La inteligencia artificial no es una utopía propia de una película de ciencia ficción, es ya una tecnología con numerosas aplicaciones en sectores de lo más dispares. Áreas como la industria han permitido demostrar su idoneidad para el desempeño de tareas repetitivas y en cadena, pero cada vez llega más lejos. De la mera automatización de procesos se ha evolucionado hacia una auténtica imitación de las redes neuronales humanas.

En medio de esta transformación tecnológica, son cada vez más necesarios profesionales especializados capaces de desarrollar todo el potencial de la inteligencia artificial y de afrontar los nuevos escenarios que plantea su irrupción en el mercado laboral. Conocimientos y experiencia son imprescindibles, pero por encima de ellos se encuentra una profesionalidad basada en la actitud, la predisposición y la buena praxis. Las soft skills son la garantía de que por mucho que avance la tecnología, el talento humano seguirá siendo insustituible.

1.- Inteligencia emocional

Frente a un trabajo en el que la principal herramienta son robots, gana un importante peso la habilidad humana de comprender y gestionar las emociones. Las máquinas son capaces de resolver problemas de una forma racional y lógica, de imitar el proceso de toma de decisiones, pero solamente las personas pueden incluir la variable emocional en el pensamiento puramente lógico.

El equilibrio entre la lógica y la emoción es clave a la hora de desarrollar y programar sistemas de inteligencia artificial, para afrontar el reto de plantear soluciones que realmente hagan más fácil la vida humana en su faceta cotidiana y laboral. Pero también es muy necesario en el resto de los ámbitos profesionales. La empatía garantiza la mejor comunicación y el entendimiento entre todos los miembros del organigrama empresarial.

2.- Trabajo en equipo

El desarrollo y mantenimiento de equipos de inteligencia artificial es fruto del trabajo de equipos técnicos de profesionales cualificados y especializados, no de individuos autónomos. La propia robotización está ideada para optimizar la productividad de actividades con un carácter individual o en cadena y un nivel de complejidad medio, lo que incrementa el valor de la capacidad humana de reflexionar y colaborar.

De ahí el éxito de metodologías basadas en la filosofía Agile, que sitúan a las personas en el centro de sus procesos productivos. La creatividad es una cualidad humana por excelencia, crear sinergias entre distintas perspectivas, diversas y multidisciplinares, garantiza una mayor productividad y resultados cada vez más innovadores.

Las claves del mejor trabajo en equipo son:

  • Confianza: cada colaborador debe confiar en los demás tanto como en sí mismo. El apoyo mutuo es imprescindible para garantizar la fluidez en los procesos.
  • Equilibrio: dentro de cada equipo, cada persona tiene su propio rol y debe ser capaz de desarrollarlo de forma individual, en coherencia con los objetivos comunes.
  • Pertenencia: sentirse involucrado con el equipo incentiva una mayor implicación, las ganas de hacer aportaciones valiosas y ver crecer cada proyecto.

3.- Adaptabilidad

La automatización nace en un entorno que vive un proceso de constante evolución y crecimiento a un ritmo vertiginoso, la más puntera tecnología puede quedar obsoleta en cuestión de meses. Para hacer frente a este reto, es imprescindible apostar por salir de la zona de confort, desenvolverse en nuevos entornos y seguir avanzando hacia nuevas soluciones.

El talento más flexible, que mejor se adapta a los nuevos escenarios es el más capacitado para materializar las soluciones más novedosas y originales.

4.- Pensamiento crítico

La inteligencia artificial es una tecnología capaz de tomar decisiones basadas en conexiones lógicas, pero no puede analizar y evaluar datos, no posee opiniones propias. En ocasiones, el camino aparentemente más lógico no es el más correcto, pero un sistema artificial no siempre tiene la suficiente autonomía para discernirlo. El pensamiento crítico es una competencia clave para complementar la lógica pura, detectar otras variables que pueden afectar a la toma de decisiones y no dar siempre por válida la primera opción.

En la era tecnológica, los profesionales deben ser autocríticos, inconformistas y ambiciosos, siempre dispuestos a dar un paso más allá.

5.- Resolución de problemas

La capacidad resolutiva es una habilidad crucial para afrontar con éxito cualquier reto que pueda plantearse. Si la inteligencia artificial es una tecnología orientada a la inmediatez en los resultados, las personas deben ser capaces de crear las estrategias más adecuadas a cada situación para lograr obtener las mejores soluciones. Mientras se espera una respuesta rápida y lógica por parte de la IA, el talento humano puede abordar problemáticas con un grado de complejidad superior, que requieren tener en cuenta muchas más variables de las que puede contemplar una mera sucesión de algoritmos.

Una forma creativa de abordar la resolución de problemas es el método CPS, formulado por la Creative Education Foundation y basado en cuatro fases:

  • Aclarar: el primer paso es concretar qué problema debe resolverse. Plantear los problemas como si fuesen preguntas de respuesta abierta facilita localizar soluciones.
  • Idear: planteado el problema, comienza un proceso de brainstorming en el que deben anotarse todas las ideas posibles para resolver el problema, sin desechar ni evaluar ninguna hasta agotar todas las opciones. No se puede interrumpir el flujo de ideas con ningún juicio prematuro.
  • Desarrollar: con todas las ideas sobre la mesa, hay que convertirlas en soluciones. En este proceso es preferible utilizar fórmulas como “sí, y…” que “no, pero…”. El pensamiento en positivo abre más puertas.
  • Implementar: se seleccionan las mejores soluciones para formular el plan que resolverá el problema. Es un proceso cíclico, por lo que volvería a comenzar en caso de no lograr la resolución o de que se planteen nuevas problemáticas.

La progresiva implantación de la inteligencia artificial en el entorno laboral está propiciando una transformación del empleo en términos positivos. De hecho, según nuestro estudio de Randstad Workmonitor, la mayoría de trabajadores así lo visualiza.

Esta situación abre las puertas a un nuevo escenario laboral en el que las competencias y la especialización en nuevas tecnologías son muy valoradas en organizaciones de toda clase de sectores. Mientras la inteligencia artificial expande su presencia como un recurso idóneo para complementar el talento humano, éste se ve cada vez más potenciado y valorado. Tareas con un carácter repetitivo, peligroso o intensivo son la competencia idónea para robots y sistemas automáticos. Mientras, las personas pueden centrar sus esfuerzos en aquellas responsabilidades revestidas de un carácter más creativo, complejo y analítico, como es desarrollar, programar y monitorizar sistemas de inteligencia artificial.

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