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Hace algo más de una década que nació el concepto de “gig economy” en Estados Unidos. En la jerga musical, el término “gig” hace referencia a las actuaciones cortas que hacen los grupos musicales, algo así como los “bolos” en nuestro idioma. Esta idea, aplicada al mundo laboral, tiene que ver con los trabajos esporádicos de corta duración en los que el contratado se encarga de una labor específica dentro de un proyecto. Se podría comparar con el trabajo autónomo o “freelance”, ya que consiste en aceptar encargos de una duración concreta y sin exclusividad con la empresa contratante. Tal y como lo explica Randstad Research en su informe "El futuro del trabajo", “estas nuevas formas de trabajo no reemplazan a los contratos abiertos de tiempo completo tradicionales, sino que proporcionan un camino para que la fuerza laboral anteriormente activa o informal encuentre un empleo”.

Este tipo de trabajo, por tanto, introduce una serie de cambios importantes en el mercado laboral tal y como se conoce hasta ahora. Así, del talento local contratado a tiempo completo se pasa a empleados que residen en cualquier lugar del mundo y trabajan por proyectos; del trabajo estable se pasa al temporal, con picos en función de la demanda; y de un único empleador se pasa a múltiples o clientes.

En realidad, hay una palabra que define bien este tipo de relación laboral, la flexibilidad. Estas formas de trabajo se caracterizan por ofrecer modelos flexibles y adaptables para los trabajadores, como trabajar de manera remota, tener horarios abiertos y cerrar una diversidad de acuerdos y contratos de compensación. Además, este modelo representa para muchos trabajadores la posibilidad de lograr una mayor conciliación entre la vida laboral y la personal. Estos deben ser independientes y tener control casi total sobre el trabajo y su relación con el cliente. Tienen que recibir pagos por tareas y los proyectos no pueden ser de larga duración. A esta definición, la Unión Europea añade que las tareas deben poder ser elegidas en función de los intereses, las capacidades y el tiempo del que dispone el trabajador.

Pero no solo es beneficioso para los trabajadores, sino también para las empresas, pues les permite acceder a servicios de manera inmediata, incluso a aquellos innovadores y altamente específicos que antes les eran inalcanzables, pagar solo por lo que usa y disminuir sus costes de estructura.

Todo esto se ha visto incrementado con la evolución de la tecnología, que permite poner en contacto a unos y otros. Por ejemplo, una de las plataformas que se apoya en esta idea que más éxito tiene en Estados Unidos es TaskRabbit, una web especializada en tareas domésticas que incluyen mudanzas, instalaciones eléctricas o la realización de la compra. Este tipo de profesionales pueden responder a la oferta de un cliente para un proyecto en concreto o ser contactados directamente por el cliente según su perfil.

Lo mismo sucede en Europa, que su uso continúa incrementándose. Según la Unión Europea, y como se recoge en el informe “El futuro del trabajo”, un 10% de europeos ha utilizado plataformas online para trabajar y un 2% las ha convertido en su principal forma de empleo. Esto incluye el transporte y la entrega de mercancías; así como el desarrollo de software, la traducción, la entrada de datos u otros trabajos similares.

Con todas estas ventajas, no resulta extraño que cada vez más personas apuesten por este tipo de trabajos. Por ejemplo, una encuesta reciente de Deloitte indica que el 85% de los millennials en España considera la “gig economy” como una “oportunidad laboral”, solo un punto porcentual más que en el ámbito global. En el caso de la generación Z, el porcentaje de los que se sienten atraídos por ella en todo el mundo se sitúa en el 81%.

Más derechos y protecciones sociales

A la vez que aparecen nuevas relaciones laborales, también están surgiendo nuevos marcos reguladores del trabajo. Por ejemplo, el Parlamento Europeo adoptó el pasado mes de abril una serie de medidas para proteger los derechos mínimos de los empleados de la “gig economy”, centrándose en garantizar condiciones transparentes y predecibles sobre el periodo de prueba, las horas laborales y la formación obligatoria gratuita; mientras que California aprobó hace unos meses una ley por la que los trabajadores “gig” tienen que ser tratados como empleados y no como empresarios independientes.

Asimismo y ante la falta de la mayoría de beneficios a los que sí acceden los trabajadores por cuenta ajena, están surgiendo también iniciativas desde el sector privado. Este tema lo expone la plataforma OuiShare en el informe “El mercado laboral digital a debate”, elaborado para la Fundación Cotec, en el que se habla de worker tech como la oferta de servicios digitales que aprovechan el poder y la comodidad de la tecnología para ofrecer a los trabajadores independientes y flexibles beneficios personalizados, a la vez que les facilitan el acceso a sistemas de protección y la defensa de sus derechos.

En conclusión, el impacto de la “gig economy” en el futuro del trabajo es ya incuestionable y su peso en el mercado laboral es cada vez mayor, ya que en muchos casos los trabajadores independientes se ajustan mejor a la demanda de talento por parte de las empresas. Y todo ello, apoyado por una creciente digitalización de la economía que permite una mayor flexibilidad para trabajadores y empresas.

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