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¿Alguna vez has sentido que tu trabajo no tiene tanto mérito como puede parecer? ¿Las tareas que realizas siempre tienen que salir perfectas a la primera? ¿Sueles rechazar felicitaciones por tus resultados con el típico “no es para tanto”? La modestia es una cualidad fantástica que va a abrir muchas puertas en tu vida personal y profesional, pero si todo esto te suena demasiado, quizá no es modestia, sino un miedo innato a no ser suficiente.

El Síndrome del Impostor es un problema psicológico que nace y se alimenta de este miedo a no dar la talla en distintas situaciones vitales y te puede convertir en una persona incapaz de sentirse realizada, especialmente en el trabajo. Te damos todas las claves para que puedas saber si lo padeces y las herramientas para combatirlo.

Principales síntomas y causas del síndrome del impostor

El temor a no estar a la altura y el sentimiento de inferioridad puede venir de situaciones muy distintas, pero todas tienen un eje en común. Desde tener concepciones erróneas del éxito hasta haber crecido en una situación disfuncional, pasando por ser víctima de estereotipos de sexo, el Síndrome del Impostor siempre encuentra su punto de partida en la falta de autoestima.

Y aunque las causas son muchas, ya sea un problema innato o adquirido, los síntomas son claros y similares. No dar importancia a tu trabajo, creer desmerecer los elogios, considerar que los demás son mejores que tú y dudar de tus aptitudes son solo algunos de ellos. Todas estas concepciones erróneas sobre ti mismo son perjudiciales no solo para tu futuro laboral, sino también para tu misma salud. El estrés y la ansiedad son dos enemigos a los que tendrás que hacer frente en las situaciones de mayor presión, y que a su vez pueden tener desencadenantes como el insomnio, la falta de concentración o la irritabilidad constante.

Debido a la variedad de síntomas, el Síndrome del Impostor cuenta con diversos perfiles. Una clasificación desarrollada por la doctora Valerie Young toma como base el problema más determinante de cada caso concreto:

  • Individualista: considera que necesitar ayuda para realizar una tarea evidencia su falta de talento.
  • Genio Natural: todo lo que no sea conseguir los objetivos en el primer intento es un fracaso. Si la primera vez no es la buena y si el progreso no es rápido, se lo achaca a sí mismo.
  • Perfeccionista: trabaja con metas tan altas y difíciles de conseguir, que, cuando encuentra los problemas consecuentes por el camino, tiende a derrumbarse y considerarse como personas no válidas. Son personas con un miedo innato a las críticas.
  • Superhumano: piensa que los demás son mejores, por lo que se culpa llevando a sus espaldas una carga de trabajo demasiado grande. Esto puede llevarle al desgaste de su salud mental y física.
  • Experto: cree que, por mucho que demuestre su experiencia, es un fraude para con sus compañeros y sus empleadores, y teme ser expuesto en cualquier momento.

Las consecuencias en el trabajo y cómo luchar contra ellas

El Síndrome del Impostor puede ser un enemigo en muchas situaciones, pero sobre todo será determinante en el entorno laboral. En un contexto de competitividad en el que hay que cumplir con plazos y ser lo más resolutivo/a posible, el miedo siempre estará al acecho.

Miedo a sentirte inferior a tus compañeros y compañeras, a no merecer recompensas o ascensos, a no ser lo suficientemente productivo… Son casos que pueden conllevar deterioro en las relaciones, decrecimiento en tu confianza, provocar que tu productividad sea menor y que tu estrés aumente considerablemente.

Si te identificas con estos ejemplos y piensas que puedes ser víctima del Síndrome del Impostor, te dejamos unos pequeños consejos para que puedas minimizar estos pensamientos negativos:

  • Sé consciente de tus logros y recibe con orgullo las felicitaciones por tu trabajo. Tu esfuerzo vale tanto como de otros compañeros.
  • Evita comparaciones. Para ser válido/a no necesitas ser como otra persona, sino saber exprimir tus cualidades y destacar en los aspectos que más controlas.
  • Entiende y acepta tus limitaciones y no lleves a cuestas una carga de trabajo que no puedes controlar. ¡Todo el mundo tiene límites!
  • Si el ambiente en determinados momentos no te hace sentir a gusto, no pasa nada por cambiar de aire. Identifica situaciones y comportamientos tóxicos para librarte de pensamientos intrusivos, y si no te motiva lo tienes alrededor, ¡dale un giro a tu carrera!
  • Utiliza las críticas que puedas recibir (siempre que sean constructivas) para afilar tus habilidades y demostrar tu talento en el futuro. No dejes que un comentario negativo eche por tierra todo tu trabajo.

Sabemos que muchas veces estos consejos no serán fáciles de seguir, y que todo depende de cada persona y de cada contexto. Por eso, dejamos el más importante para el final:

Si te sientes bajo mucha presión y no te ves capaz de ver todo lo bueno que hay en ti, no tengas miedo de pedir ayuda profesional. Hablar de tus miedos y poner en práctica actividades y ejercicios para superarlos es un acto valiente y positivo. Además, tomar medidas a este nivel también ayudará a construir un ambiente de trabajo comprensivo y cercano. ¿Quién sabe? Quizá más compañeros/as se animen contigo a compartir sus experiencias.