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La nueva realidad laboral está obligando a las empresas y profesionales a tomar decisiones en un menor espacio de tiempo, reaccionando constantemente a imprevistos o cambios a todos los niveles (legislativo, social, tecnológico, etc.). Anticiparte a ellos es clave, pero no siempre es posible, por lo que deberás tomar decisiones de la forma más eficaz y ágil posible. La capacidad resolutiva es una de las cualidades más demandadas en la actualidad.

En este sentido, debes ser consciente de la importancia tus aptitudes profesionales, y, especialmente, del modo en el que abordas cualquier decisión importante. Tus habilidades transversales se pueden desarrollar y perfeccionar, y para ello debes ser consciente de cuáles son tus fortalezas y áreas de mejora. ¿Has decidido mejorar tu capacidad resolutiva? ¡Aquí tienes las claves para ello!

Las soft skills, imprescindibles para tu carrera laboral

Las soft skills son cada vez más y más valoradas en el entorno profesional y no es para menos: son fundamentales para encajar en un equipo, responder ante imprevistos y asumir responsabilidades. Y es que, como ya te contábamos, estas habilidades personales pueden ayudar a impulsar tu carrera laboral más de lo que te imaginas.

Entre estas cualidades, podemos encontrar algunas que son necesarias para desarrollar una capacidad resolutiva a la altura de cualquier desafío. ¿Qué soft skills son imprescindibles para desarrollar la competencia de la capacidad resolutiva?

1.- La orientación a objetivos, una cualidad para anteponerte a cualquier reto. Tener siempre presentes los objetivos que se persiguen a corto, medio y largo plazo es una condición necesaria para que, llegado cualquier imprevisto, seas capaz de diseñar la solución que más te acerque a esos fines.

Es posible que, en un entorno cambiante como el actual, necesites tomar decisiones de forma constante, muchas de ellas sin apenas margen de anticipación. Tener esa visión estratégica que te permita no perder nunca de vista el propósito final te ayudará a orientar de forma más acertada tus decisiones, pese a que quizás no sea la solución más fácil o ágil para tomar.

2.- Si innovas, ganas. Ante cualquier reto, ser capaz de aportar ideas novedosas, en concordancia con las nuevas tendencias, puede ser algo definitorio para el éxito de cualquier proyecto. Es muy probable que otras empresas o incluso equipos de trabajo dentro de tu compañía se hayan enfrentado a retos similares, por lo que ser capaz de dar una solución innovadora te hará marcar la diferencia.

Pero estar pendiente de las novedades y desarrollar pensamiento lateral para afrontar retos va mucho más allá; la mayoría de los avances significativos han venido gracias a nuevas respuestas a las preguntas de siempre. Por eso, antes de tomar una decisión, debes preguntarte si es posible aportar algo nuevo a su resolución.

3.- La creatividad, un valor para cualquier decisión. Muchas veces, para encontrar la solución óptima necesitaremos una buena dosis de creatividad. No solo para intentar que nuestra decisión aporte, sino también para saber convencer y comunicarla de forma efectiva. En cualquier toma de decisiones siempre hay un espacio para la creatividad, que está muy vinculada a la innovación que te comentábamos en el punto anterior. Ser creativo significa explorar ideas originales, saber darle un giro a la situación.

El proceso para resolver un problema

Aunque tengas el conocimiento profesional y hayas desarrollado tus soft skills, cada nuevo problema supondrá un reto para tu capacidad resolutiva. Trabajar en los procesos de toma de decisiones es un paso más para asegurar que se ajustan a los problemas que surgen y seas cada vez más ágil y eficaz.

1.- Analiza la situación para comprender cuál es el problema. Es muy probable que, al tratar de solucionar un problema, intentes priorizar la rapidez a la eficacia. Vencer esta tendencia solo es posible si sabes analizar bien la situación, para lo que tendrás que hacerte distintas preguntas más allá del obstáculo evidente.

¿Cuál es la raíz del problema o decisión planteada? ¿Hay otros posibles problemas relacionados o secundarios? ¿Se han planteado situaciones semejantes con anterioridad? Responder a todas estas preguntas y analizar a conciencia el estado actual y el objetivo que se persigue es el mejor inicio para resolver cualquier situación.

2.- Comprueba todas las posibles soluciones. Si ya has analizado tu situación y el problema a solucionar, es el momento de comprobar qué posibles caminos puedes seguir. Tu experiencia, conocimientos y soft skills te impulsarán en la dirección adecuada, pero también deberás realizar un proceso de investigación, comprobando pasadas acciones para determinar qué salió bien y qué debemos evitar para futuras ocasiones. Un problema recurrente puede ser síntoma de que las decisiones anteriores no fueron las idóneas.

3.- Valora posibles consecuencias. Con las distintas opciones sobre la mesa, debes hacer un ejercicio de previsión y anticipación frente a sus posibles consecuencias. Trata de ampliar tu punto de mira, no solo debes analizar cuál será el posible impacto directo de tus decisiones, sino también su repercusión indirecta, ¿es posible que la solución aparentemente idónea acabe con el problema, pero acarree algún tipo de daño colateral a largo plazo? Es un factor muy importante que a veces se pasa por alto.

4.- Implantación y análisis. Como parte de cualquier resolución de conflictos, el proceso no termina cuando se toma una decisión, sino una vez comprobamos que la solución se lleva a cabo y los resultados son los que perseguíamos. De este modo, volvemos al punto de inicio: debemos finalizar el proceso realizando un análisis de cómo se ha gestionado. ¡Así podrás mejorar tu capacidad resolutiva!

Por supuesto, a medida que trabajes tu capacidad resolutiva, comprobarás que eres capaz de tomar decisiones mucho más eficaces de forma más ágil, pero siempre es recomendable que sigas este planteamiento y no trates de precipitarte. La experiencia te puede llevar a caer en un exceso de confianza y cometer errores que, con la debida atención y reflexión, no sucederían.

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