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Cuando Steve Jobs falleció en el año 2011, se descubrió que el CEO de Apple había dejado listos y supervisados un gran número de proyectos para la compañía. En la sede central de Cupertino, California, todo estaba preparado a cuatro años vista.

¿Cómo pudo Jobs tener organizada esta planificación tan a la larga? La respuesta es más sencilla de lo que parece: con una metodología efectiva de desarrollo de sus proyectos.

Uno de los métodos más conocidos de Apple para gestionar la creación y comercialización de sus productos de forma productiva es el conocido DRI (Directly Responsible Individual).
Esta metodología consiste en asignar a cada proyecto un responsable directo, que se encarga de dirigir y supervisar todas las fases del trabajo.
Este proceso simplifica la toma de decisiones y aumenta la responsabilidad de ejecución, lo que deriva en una mayor diligencia y capacidad productiva.
El desarrollo de un proyecto

El ejemplo de Apple demuestra que cada producto o servicio de éxito goza de un concreto proceso de gestión y elaboración para desarrollarlo con inteligencia. Cuando se encarga o se tiene una idea para, por ejemplo, un producto, es básico disponer de las herramientas básicas para que ese planteamiento pueda materializarse con todas las garantías posibles.
Los beneficios de la definición de fases

Una vez se tiene – o se recibe, tal y como le ocurre al DRI – una idea de un proyecto, se debe dividir en las fases necesarias para desarrollarlo. Esto ayudará a la gestión ordenada del mismo y reforzar la concepción del proyecto como algo realizable.
1. El momento más importante: la planificación
En un primer momento, es básico acotar y tener claro cuál es tu proyecto: definir los objetivos y alcance. Este momento es fundamental; todas las etapas posteriores están condicionadas a lo que se decide en esta situación.
Una vez se tiene claro este punto, se puede iniciar a planificar, paso por paso, las acciones que llevarán a la realización final del proyecto.
Este es el momento en el que se calendarizan, se reparten y se fijan las tareas de cada persona implicada en el proceso. La delimitación de responsabilidades, como se ve en Apple, es un punto al que vale la pena dedicarse.
Existen diversos instrumentos de planificación. Uno de los más conocidos es el diagrama de Gantt, que muestra la colocación temporal de las actividades planificadas.

2. Realización
Cuando están repartidas las tareas, las responsabilidades y los recursos, comienza en la fase de ejecución.
En este período, es decisivo cumplir con la planificación, pero también manteniéndose flexible ante posibles imprevistos: si se está preparado ante cualquier inconveniente externo, se podrá reaccionar mejor y salir adelante sin mayores problemas.
El método de trabajo deberá de seguir una línea uniforme de actuación que garantice el correcto funcionamiento y cohesión de todas las personas que integren el equipo de trabajo.
3. Seguimiento y control: aumentar la comunicación
Un punto ineludible para poder completar correctamente la etapa de realización de cualquier proyecto es que se estén activados los mecanismos de seguimiento y control del trabajo. Un buen Project Manager​ debe ir en paralelo acompañando, revisando y monitorizando el desarrollo de la actividad de forma permanente.
Una comunicación interna fluida puede ser uno de los puntos clave; un informe diario de progresos, problemas o riesgos ayuda a no desviarse de los objetivos y a asegurar el normal desarrollo de todas las labores. El intercambio de información entre todos los miembros del proyecto ayudará también a que las acciones se realicen con ese extra necesario de inteligencia colectiva.
4. Implementación del plan
Este es el momento en el que se concreta todo el desarrollo, en el que se sintetizan todas las labores, en un producto o servicio final.
Es necesario disponer de los recursos necesarios (económicos y humanos) para realizar con seguridad el proceso de implementación. Hay que traducir de forma efectiva, sin riesgos que pongan en peligro todo lo que se ha trabajado en las fases anteriores.
5. Medición de impacto y cierre del proyecto
Una vez acabada e implementada toda la actividad, hay que realizar una revisión y valoración del resultado final.
Corregir los errores ayudará a mejorar y conocer en qué puntos se ha realizado una buena labor y en cuáles se debe mejorar. El éxito del siguiente proyecto dependerá también de haber cumplido con diligencia en esta fase.
Saber tratar y desarrollar un plan implica múltiples beneficios en cualquier aspecto de la vida, tanto laboral como personal. Estructurar y establecer un método convertirá en realidad aquello que parece que solo puede ser imaginado. ​​