El efecto Pigmalón y el poder de las expectativas

¿Cómo afectan las opiniones y creencias del resto de personas sobre nuestro comportamiento y decisiones? Si bien es cierto que muchos individuos son capaces de guiarse por sus propios impulsos y pensamientos, otros reaccionan por temor al fracaso o movidos por las expectativas que puedan tener sobre ellos.

La leyenda que explica esto cuenta la historia del escultor Pigmalión, quien, debido al desencanto y decepción con las mujeres, acabó viviendo en absoluta soledad. Poco a poco, este cautiverio despertó en él un sentimiento de aislamiento, por lo que decidió tallar una estatua de marfil para que le hiciese compañía.

Según cuenta la historia, la estatua era tan perfecta, que terminó enamorándose de ella. La contemplaba durante largas horas, la vestía con lujosos atuendos y la cubría de joyas. Para suerte de Pigmalión, la diosa Afrodita escuchó el ruego en el que pedía que diesen vida a la estatua para poder casarse con ella. Afrodita quiso complacerle, y cuando volvió junto a la estatua, descubrió que su cuerpo era suave y desprendía calor, ya que se había convertido en humana.

El efecto Pigmalión queda definido en la leyenda por el deseo de convertir la estatua en una persona. En la vida real, este efecto tiene lugar cuando la creencia u opinión que una persona tiene sobre otra es capaz de influir sobre su rendimiento, ya sea en el ámbito social, profesional o educativo. Tantas son las situaciones en las que este efecto se puede aplicar, que es considerado un objeto de estudio para la psicología.

 

El experimento de la clase de R. Rosenthal y L. Jacobson

Esta prueba fue llevada a cabo en 1968 por los psicólogos Robert Rosenthal y Lenore Jacobson bajo el título Pigmalión en el aula. Este estudio consistía en informar a un grupo de profesores de primaria de que a sus alumnos se les había realizado un test que evaluaba sus capacidades intelectuales. A continuación, se informaba a los profesores sobre qué alumnos habían obtenido mejores resultados en el test y se les advertía que estos alumnos tendrían un rendimiento muy superior al resto de la clase durante el curso.

Ocho meses después se confirmó que los resultados académicos de estos alumnos habían sido tan buenos como predecían los resultados de la prueba. Sin embargo, nunca se realizó dicho test al iniciar el curso. Estos alumnos a los que se les predijo un buen año académico simplemente fueron elegidos al azar sin tener en cuenta sus capacidades.

La explicación a estos resultados constata que los profesores crearon unas expectativas sobre estos alumnos y ejercieron su labor influenciados por esa información, de manera que la función didáctica era diferente respecto al resto de alumnos.

 

El efecto Pigmalión en los ámbitos educativo y social

La aplicación en el ámbito educativo se justifica gracias al resultado que el efecto Pigmalión tiene sobre la motivación de los alumnos. Mostrar a los estudiantes, de forma diaria, las altas expectativas que los docentes tienen sobre ellos harán que se sientan más capaces de conseguir lo que se propongan, incluso si esta motivación solo pretende no decepcionar a aquellas personas que han depositado su confianza en ellos.

En el ámbito social, la tradición cultural inherente a cada sociedad impone ciertas normas de comportamiento que son aceptadas, en mayor o menor medida, por sus miembros. Estas normas imponen códigos de conducta a los que no es fácil escapar y cada uno los exterioriza en grados diferentes. Desde la infancia, estos gestos se van imitando de los padres y moldean la personalidad de cada uno. El resultado acaba siendo un conjunto de características adquiridas que cada uno cree como propias y que solo son resultado de lo que las personas consideran como socialmente aceptado y positivo.

 

El efecto Pigmalión en el ámbito laboral: ejemplos de jefe

Las expectativas que se tienen sobre los empleados, y las que ellos mismos tienen sobre su trabajo, son aspectos importantes que afectan al desarrollo de sus funciones. Aquellas que se tienen como empleador se conocen por efecto Pigmalión, mientras que las expectativas de los profesionales se definen por el efecto Galatea.

La influencia de ambos no debe ser subestimado cuando se pretende alentar a los trabajadores a que realicen su trabajo aprovechando al máximo su potencial. Añadir a estos principios básicos las expectativas que se tienen sobre los demás puede ayudar a conseguir que su rendimiento mejore.

Este efecto, aplicado en el ámbito laboral, puede resumirse como un conjunto de las siguientes consideraciones:

  • Cada supervisor tiene unas expectativas sobre los profesionales a su cargo.
  • Los supervisores expresan esas expectativas de manera consciente e inconsciente cuando se comunican.
  • Los trabajadores son conscientes de dichas expectativas de manera consciente e inconsciente.
  • El rendimiento de este grupo de profesionales está condicionado por la percepción que su superior tiene sobre ellos.

El efecto Pigmalión alienta a los trabajadores y les ayuda a descubrir su verdadero potencial como respuesta al conocimiento que sus jefes tienen sobre sus capacidades. No obstante, este efecto puede tener un lado negativo si el mensaje no se transmite correctamente a los empleados.

Si el supervisor no tiene las habilidades necesarias, es posible que sus comentarios marquen el futuro profesional de los más jóvenes, distorsionando y disminuyendo su autoestima personal. Sin embargo, si dispone de la empatía suficiente, puede ayudar a que el equipo a su cargo construya un fuerte sentimiento de autoestima, desarrolle sus capacidades e incremente su productividad.

Estas son algunas de las vías para convencer a los empleados de que tengan expectativas positivas sobre sus actuaciones personales:

  • Permitir a los profesionales asumir funciones que presenten mayor dificultad, garantizando que las completa antes de asumir una nueva.
  • Asignar a los trabajadores proyectos de éxito para alentarlos.
  • Conceder entrenamientos individuales, asegurando que esta experiencia acentúa sus mejoras y no sus debilidades.
  • Si el trabajador muestra interés en aprender sobre una determinada área de la empresa, resulta interesante ofrecer la oportunidad de mejorar sus habilidades en ella.
  • Nombrar a un mentor con experiencia para ayudar a otros profesionales con su desarrollo.
  • Interaccionar frecuentemente con los trabajadores de una manera positiva, haciéndoles saber que se deposita confianza en ellos para desarrollar su trabajo.

Detrás de la historia mitológica que da nombre a este efecto, se encuentra una poderosa herramienta cuyo uso no implica coste alguno. Potenciar la motivación de las personas es un aspecto esencial para afrontar las tareas del día a día con positividad. Lanzarles mensajes que generen confianza en sus capacidades hará que se conviertan en profesionales y estudiantes con suficiente autoestima para alcanzar cualquier objetivo que se propongan.

¿Alguna vez has sentido el efecto Pigmalión? ¡Comparte tu experiencia!